Se reproduce a continuación la entrevista que Mariano Beldyk efectuó al Representante Argentino para Mercosur y ALADI, Emb. Juan Manuel Abal Medina para la edición de julio de la revista Caras y Caretas.
En la misma, Abal Medina hace referencia a algunos de los desafíos de sus nuevas funciones a cargo de la Representación ante Mercosur y ALADI y reflexiona acerca de la integración regional.
“La región se construye con sus diferencias o no se construye”
Por Mariano Beldyk (@mibeldyk)
“¿Lo extraña a Néstor?” Por primera vez a lo largo de la entrevista, Juan Manuel Abal Medina no tiene una respuesta empírica o lógica a mano. En su lugar, contesta con una sonrisa, mientras se afloja en la silla y sus ojos se desvían hacia un pasado no tan remoto a la caza de anécdotas que nadie le contó. Es el momento más cálido y espontáneo frente a un hombre que cuida con celos sus gestos, una semana antes de asumir como embajador ante el Mercosur y la ALADI. Había optado por el silencio desde que dejó la Jefatura de Gabinete de la Nación para refugiarse en su cátedra universitaria y en el trabajo de base. Pero antes de partir para Montevideo, recibió Caras y Caretas en el estudio de su padre, la homónima leyenda peronista.
El Mercosur pasó por sucesivas etapas, la de Oro, la Crisis y su resurgir político en 2003, ¿qué fase atraviesa hoy?
Está en una etapa de ampliación, con Venezuela ya incorporada, con Bolivia en proceso de sumarse. Hoy, la población del Mercosur suma 275.676.000 habitantes (el 4,2% del total global), su superficie de 12.794.689 km² representa el 8,6% de la terrestre y su producto bruto alcanza los 3,3 billones de dólares, el 4,3% del total mundial. Es decir, estamos hablando de uno de los espacios institucionales más importantes del planeta, el cuarto bloque económico en importancia y volumen de negocios, y la quinta economía mundial, en relación a su PBI. A su vez, si agregamos que la región es uno de los principales productores de alimentos y energía del planeta, advertimos la relevancia estratégica que el Mercosur tiene en el actual contexto mundial. Falta coordinación, sin dudas, y queda mucho camino por recorrer.
¿Está atado a la sintonía ideológica de sus gobiernos?
Néstor (Kirchner) siempre repetía que la Unasur no debía ser un club de políticos amigos sino reflejar una región con todas sus diferencias. Lo mismo sucede en el Mercosur: la integración debe ser lo suficientemente sólida y verdadera para superar los sesgos ideológicos del momento. Obviamente que, al final, serán los ciudadanos con su voto los que van a marcar si habrá una integración más económica como los ’90 o una más política. Pero el proceso en sí, es una política de Estado, la más clara desde el ’83 en adelante.
¿Y qué sucede cuando esas voces discordantes conviven dentro de los mismos partidos que impulsan el Mercosur, como en el Frente Amplio?
Siempre hay una tensión conviviendo dentro del bloque y, obviamente, uno no debe dejar de mirarla. No hay que olvidar que en el Mercosur conviven economías muy distintas, y uno entiende que los países más pequeños tengan que reclamar y, en ocasiones, hacerlo de un modo fuerte para ser atendidos. Uno debe avanzar mientras se tantea como se contiene a los que exigen un ritmo distinto. Para eso sirven los fondos del FOCEM, por ejemplo. En el Parlasur, hay mucho de ese espíritu y eso lo vuelve un organismo vivo que avanza con representantes de todos los signos políticos: chavistas y antichavistas, del PT y la socialdemocracia brasileña, el Frente Amplio, Blancos y Colorados y todo eso lo dota de legitimidad democrática.
¿Pueden eventualmente surgir voces anti Mercosur como existen los eurófobos en el Europarlamento?
No creo. Allá ha avanzado mucho la comunidad económica y monetaria con una serie de reglas muy poderosas y el surgimiento de estos partidos escépticos guarda relación con los efectos de esa integración. Acá todavía debatimos sobre cómo nos integramos.
Hablando de la UE, la Argentina se resistió en el pasado al acuerdo de libre comercio con Europa por el peligro de las asimetrías, ¿por qué cambió ahora?
La posición argentina es la misma que la del resto de los socios: si hay un acuerdo, que sea uno que nos convenga a todos. Si es uno que solo beneficie a los poderosos, que sirva para que Europa introduzca más productos, entonces no es positivo.
¿La Alianza del Pacífico (Colombia, Perú, México y Chile) y su crecimiento meteórico es un peligro para el Mercosur?
No. La Alianza del Pacífico no supone una integración entre ellos sino un acuerdo para, más bien, formalizar un accionar. Eso puede convivir con el Mercosur como conviven otros bloques. Desde los ’60, la integración latinoamericana sigue diversas sendas que, no por ello, deben ser antagónicas: hoy la ALADI suma a Colombia, México y Perú al Mercosur reuniendo a más de 500 millones de habitantes y un PBI de 5,3 billones de dólares, sólo superado por Japón, China, los Estados Unidos y la UE en su conjunto. Si uno quiere hace un club de gobiernos nacional y popular va a fracasar. La unidad debe ser una meta compartida de cada día como hacíamos con Néstor cuando charlábamos con (el presidente colombiano Juan Manuel) Santos o con (el chileno Sebastián) Piñera. La región se construye con sus diferencias o no se construye.
Cita a Néstor Kirchner con frecuencia, ¿lo extraña?
Y… en mi caso particular, estuve muy cerca suyo a lo largo del desarrollo de la Unasur, desde que él asumió la Secretaría General el 4 de mayo de 2010, el mismo año de su muerte, y todavía uno sigue recordando todo lo que se hizo en solo seis meses.
¿Por qué la Unasur no volvió a tener una figura política de peso al frente?
Porque no es fácil… Y Néstor era una figura bastante poco usual, irrepetible incluso, una personalidad que se entregaba por completo. Me acuerdo cuando se dio el intento de golpe de Estado en Ecuador a Rafael Correa, que nos hizo subir tres o cuatro veces al avión porque quería partir ya hacia allá y yo hablaba con el canciller ecuatoriano que estaba detenido no recuerdo dónde, no podía salir, y me decía “No vayan a ningún lado que no tienen lugar dónde aterrizar”. Y Néstor me insistía: “¡No importa! Busca un aeropuerto en la frontera, o en un país al lado. Nosotros vamos igual”. Así era Néstor. Cuando asumió la tarea de alcanzar un acuerdo en Santa Marta entre Venezuela y Colombia en plena amenaza de guerra, estaban los ejércitos movilizados en la frontera. Y fue enfático: no nos volvemos si no lo arreglamos. Cuatro días nos quedamos allá hasta que consiguió la foto de los presidentes dándose la mano.
¿Habría prevalecido la Unasur con un líder no peronista frente a esos desafíos? El peronismo tiene en su ADN eso de la negociación permanente…
Y Néstor… Néstor era un político de mucho carisma y que estaba permanentemente buscando el consenso, el acuerdo. Recuerdo cuando una vez lo acompañé a una reunión con Bill Clinton en su fundación y delante de mí se puso a negociar con Clinton una visita a Venezuela. Y lo llamó a (Hugo) Chávez que se asustó y entonces Clinton sacó su agenda y arreglaron que en noviembre iba a ir para América latina a juntarse con Chávez y el resto de la región. Al final, el viaje no se pudo hacer. Pero la impronta de Néstor era esa: un peronista en el máximo sentido del término, ¿no?
Y aún así esa impronta pasional pudo jugar en contra frente a Uruguay en medio de los cruces por las pasteras que pusieron en riesgo al Mercosur. ¿Se pudo haber actuado de otro modo?
Muchas veces, los gobiernos que tienen una mayor vinculación con lo popular enfrentan temas que les cuestan más porque están mucho más atados a las necesidades de sus pueblos. Del otro lado, una integración que no se encarna en los pueblos, es una integración frágil. Unos tienden a ver la integración desde lo político y otros en términos de exportaciones e importaciones. Y, sin embargo, la integración es mucho más. Es generar cadenas de valor regionales. Es diseñar una identidad regional. Es un conjunto de valores muy amplios que le dan carne al Mercosur.
Fuente: Caras y Caretas (Julio 2014)